Antes de entrar en J. Walter Thompson. Después de salir de J. Walter Thompson.

Por Álex Martínez

A la izquierda, la foto que ilustraba la nota de prensa de mi ingreso en J. Walter Thompson. A la derecha, la que ilustra mi salida, 17 años y 7 meses después.

Y no, no hay nada improvisado al dar este paso.

Realmente es una cantidad de tiempo asombrosa para este sector. Casi asusta. Y puedo prometer y prometo que si Jordi Palomar y Paco Segovia -cuando me reclutaron para la causa- me hubieran advertido que permanecería tantos años a bordo, habría declinado su oferta.

Pero lo cierto es que nunca he tenido la sensación de que el tiempo corría en vano. Ha sido tal la intensidad que más bien me siento como si hubiera estado en tres agencias diferentes.

En J. Walter Thompson he podido desarrollar muchas facetas desde todos los ámbitos de la comunicación. La oportunidad de crear y liderar equipos trabajando para grandes marcas nacionales e internacionales ha sido extraordinaria. He ganado premios y me han premiado con cosas que valoro todavía más. He podido crecer no solo en el oficio, sino también en el negocio. He formado parte del Consejo Ejecutivo y del Consejo de Administración de la compañía en España. He formado parte durante 6 años del Worldwide Creative Council, siendo de los pocos españoles que han tenido este honor en una red multinacional de estas dimensiones. Me han ofrecido oportunidades que sólo mi apego personal a ver crecer mis hijos en Barcelona me ha impedido aprovechar.

Sí, supongo que he visto naves en llamas más allá de Orión. Pero ahora los tiempos están maduros para salir de mi zona de confort y explorar nuevas formas de aportar valor. Mi ikigai ahora es otro.

He tenido la gran fortuna de trabajar con gente maravillosa, tanto en España como en los cinco continentes. Hemos logrado cosas increíbles, hemos sufrido y gozado, superado obstáculos y madurado mucho. Me he sentido valorado por gente que se ha ganado mi más profundo respeto. Ha sido una etapa brutal, que ha valido la pena vivir.

Pero ya llevo un tiempo viendo nuevas oportunidades que no encajan en un modelo empresarial como este. Y siento que es el momento de convertir mi experiencia en una forma de generar valor desde otra perspectiva. Lo podría llamar “creative counseling para marcas”, o algún otro palabro que ya me inventaré. Lo que tengo claro es lo que quiero hacer: disfrutar sintiendo que estoy aportando valor, que mi trabajo puede impactar de forma más directa y consistente el futuro de una idea de negocio, una marca o una compañía.

Nuestra industria está viviendo una uberización que permite escenarios colaborativos nunca vistos anteriormente. Voy a vivirlos con intensidad, porque corren tiempos excitantes y porque no sabría hacerlo de otra manera. Con solo pensarlo ya noto fluir la energía. Y no puedo evitar levantarme cada mañana con la sonrisa puesta.